En un país normal, un comerciante puede comprar en 1 y vender en 2: allí cubre costo, margen operativo, riesgo y reposición. En Venezuela, aun sin diferencial cambiario, muchas actividades terminan necesitando vender en 3 porque cargan permisos, demoras, protección, discrecionalidad, abuso administrativo y captura institucional no cambiaria.
Pero además existe el diferencial cambiario: si cobras al tipo de cambio oficial, recoges bolívares que luego no alcanzan para reponer los dólares al precio efectivo del mercado. Esa brecha obliga a incorporar otra capa de precio. Por eso, lo que en otro país se compra en 1 y se vende en 2, en Venezuela puede terminar vendiéndose en 4.
La descomposición es sencilla: 1 → 2 sería el comercio normal; 1 → 3 refleja el marcaje institucional no cambiario; 1 → 4 aparece cuando al marcaje institucional se le suma el diferencial cambiario.