Entendiendo la Historia del Dinero: Orígenes y Rol Fundamental en la Sociedad

Entender de dinero es fundamental a la hora de conformar portafolios de precaución, preservación y enriquecimiento. Como medio de pago o certidumbre, lo que también se conoce como unidad de cuenta, el dinero desempeña un papel clave en nuestras decisiones financieras. Por ello, dedicaré el resto de la sección a explicar su origen y rol, de forma tal de poder entenderlo en su justa dimensión.

El dinero solo ha existido en el 0,5% de la historia de la humanidad, desde que nos volvimos sedentarios. Durante el 99,5% previo, éramos nómadas, huyendo del clima inclemente y sin la capacidad de establecernos. Nuestra organización se basaba en bandas de aproximadamente siete personas, con un líder que generalmente era el individuo más fuerte y violento de la banda. La ley que prevalecía era la del más fuerte o la del mazo, lo que significaba que los recursos se asignaban y el producto social se repartía según la violencia ejercida. Nuestra actividad económica principal era la caza y la recolección de frutos silvestres, dos actividades que no permitían determinar de manera inequívoca quién contribuía más al producto social. Por lo tanto, la forma de propiedad existente era la propiedad común.

En ese tiempo, no existía el comercio ni el intercambio, solo la guerra y el conflicto. Las diferentes bandas no se entendían entre sí, sino que se exterminaban, y prevalecía la ley del más fuerte. Sin embargo, llegó un momento crucial con el gran cambio climático, que permitió el asentamiento y marcó un cambio radical en nuestra historia.

Con el asentamiento, surgió una nueva actividad fundamental: la agricultura. Al convertirnos en una sociedad sedentaria y delimitar nuestra actividad a un espacio físico, reemplazamos la propiedad común por la propiedad privada. A medida que evolucionamos en juegos repetidos, las bandas se transformaron en familias, el líder de la banda se convirtió en el jefe de familia y la propiedad común se convirtió en propiedad privada.

A medida que las familias se relacionaban entre sí, se empezaron a formar las primeras comunidades incipientes. Sin embargo, la formación de comunidades no eliminó por completo los problemas de conflicto y falta de entendimiento. El jefe de familia aún portaba armas no solo para protegerse de animales, sino también de sus vecinos. En juegos repetidos, surgió la necesidad de un Estado o un grupo de individuos lo suficientemente poderosos y violentos como para establecer un orden que permitiera a las familias dedicarse a la producción.

El Estado se conformaría entonces por los individuos más violentos o aquellos capaces de controlar cualquier otro grupo o individuo violento dentro de la comunidad. Paralelamente, el aumento de la dependencia de la tierra y la naturaleza en la actividad agrícola llevó a la aparición de creencias religiosas, inicialmente asociadas a deidades vinculadas a la fertilidad de la tierra.

Así, el ser humano comenzó a depositar su confianza tanto en los dioses y sus representantes, las autoridades religiosas tribales, como en el Estado o el jefe tribal. Detrás de ambos, siempre se encontraban los soldados, administradores de la violencia. El Estado y la religión surgieron como un dúo independiente, ofreciendo seguridad y confianza necesarias para la vida, la familia y la propiedad. Permitieron que las personas pudieran dormir tranquilas y dedicarse a la producción en lugar de preocuparse constantemente por su seguridad. Sin embargo, aún falta mencionar un aspecto crucial de la historia: si las autoridades religiosas tribales, el jefe de la tribu y los soldados no se dedicaban a la producción agrícola, ¿cómo se alimentaban? Es aquí donde entra en escena el dinero.

Dos opciones se presentaban: o los soldados recurrían a la violencia y sus armas para buscar y asegurar su parte del producto social, o surgía una solución diferente. Si optaban por la violencia, quedaba indefinido cuánto debían saquear del producto social agrícola en cada tierra y cómo distribuirlo entre los miembros del Estado. Sin embargo, al introducir una no mercancía en el sistema, es decir, el dinero, las autoridades evitaban no solo tener que administrar la violencia en la toma de su cuota parte del producto social, sino que también impedían la injusticia o saqueo desigual por tierra, manteniendo de esta forma el orden y la paz. De hecho, etimológicamente, el término “pagar” significa pacificar. Al pagar, el Estado ejerce justicia y, por lo tanto, previene la violencia, ya que el soldado va a comprar en lugar de saquear para tomar la cuota parte del producto social que le corresponde por sus servicios.

Pero, aún queda por explicar algo crucial: ¿por qué los productores del producto social agrícola aceptarían el dinero a cambio de entregar una parte de su producto y, por lo tanto, de su esfuerzo y sacrificio diario? Sencillo, la seguridad proporcionada por las autoridades religiosas, el jefe de la tribu, su familia y los soldados, es decir por la intervención de los dioses, la justicia y la violencia, implicaba el pago de impuestos.

Con el paso del tiempo, el término pago o pacificación ha evolucionado hacia lo que hoy conocemos como gasto público o inyección monetaria, mientras que los impuestos cobrados y establecidos mediante el ejercicio de la violencia y la justicia se le conoce en la actualidad como extracción monetaria. Ahora entendemos que el gasto público inyecta dinero en la economía y que los impuestos lo recogen, mientras que cualquier diferencia en términos de déficit o superávit se resuelve a través de las preferencias en el mercado de títulos.

Es decir, comprendemos que mientras los impuestos implican violencia, la deuda implica preferencias. Absolutamente nadie está obligado a comprar bonos de deuda, pero aquel que no paga impuestos podría terminar en la cárcel. Por lo tanto, entendemos que existe una conexión entre los impuestos (el uso de armas y tribunales para forzar la demanda de dinero) y el interés (el precio de la deuda que se emite para recoger lo no recogido vía impuestos). El Estado puede establecer el costo de oportunidad del dinero o tipo de interés, pero no puede forzar la compra de bonos de deuda.

Hoy entendemos que el valor de uso fundamental del dinero es evitar la cárcel al garantizar el pago de impuestos, mientras que su valor de cambio y otros usos dependen no del Estado, sino del gobierno. Es decir, sabemos que un gobierno que respeta la vida, familia, propiedad, ley y contratos hará que en la economía la inversión y la productividad sean máximas y, por tanto, que el valor de cambio del dinero también.

Además, entendemos que una vez que el dinero es útil para evitar la cárcel al pagar impuestos, tiene también sentido utilizarlo para denominar obligaciones con terceros a través de contratos y ser el medio de pago de la sociedad.

Luego, cuando el dinero es aceptado por comerciantes y consumidores, se convierte en medio de intercambio, permitiendo la circulación de mercancías. También se utiliza como medio de precaución o para emergencias frente a gastos inesperados. Y, finalmente, se emplea para para aprovechar oportunidades, al especular sobre el curso futuro de los precios de los activos.

Es importante destacar que el dinero no está diseñado para ahorrar, sino para pagar, circular, prever y especular. El ahorro se realiza en activos denominados en dinero que rinden una tasa de interés real positiva, ya que el dinero en sí mismo no genera rendimientos.

El dinero es considerado el mayor avance del hombre, ya que su existencia pacifica la sociedad al disminuir la necesidad de ejercer justicia y violencia. Ha permitido la aparición del intercambio y los mercados, reemplazando el uso de la fuerza por señales de precios como medio de coordinación social.

A través del sistema de precios, incluido el interés, el dinero actúa como medio de certidumbre en la sociedad, permitiendo la coordinación social sin recurrir a la justicia y violencia. La banca, con licencia del Estado, cumple un papel fundamental al convertir los riesgos específicos y la incertidumbre en certidumbre. Esto se logra al transformar el crédito de individuos y empresas en dinero o depósitos bancarios seguros, líquidos y ampliamente aceptados.

La banca cuenta con el respaldo del prestamista de última instancia, generalmente el banco central, que puede emitir dinero para respaldar los pasivos bancarios o depósitos. Aunque un banco pueda quebrar y perder su patrimonio, los depósitos bancarios prevalecen y pueden ser retirados o transferidos a otros bancos.

Es importante tener en cuenta que la imposición de un sistema monetario requiere el respaldo del Estado y su capacidad para ejercer coerción a través de la recaudación de impuestos. El dinero y la banca, como transformadores de la incertidumbre en certeza, son elementos fundamentales respaldados por el Estado.

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