En juego la credibilidad de la Reserva Federal

Está en juego la credibilidad de la Reserva Federal, por lo que para asegurarla durante este año aumentará los tipos de interés a un nivel bastante superior al esperado por el mercado; y en vez de echarle la culpa a la guerra en Ucrania de la inflación se la echará de la recesión. Pero, su credibilidad la defenderá a capa y espada, o mejor dicho con una sorpresa deflacionaria y una disminución súbita de la participación de la base monetaria sobre la liquidez (i.e. con el fin del Quantitative Easing y la disminución súbita del tamaño de su balance de activos y pasivos como porcentaje del PIB y la liquidez).

Preparen sus portafolios para lidiar con el desplome del precio de los activos riesgosos.

La credibilidad es el instrumento más importante con que cuenta un banquero central. Es lo que le permite mantener bajo control (causar) las expectativas del público y, por tanto, tener el sartén por la manga.

Cuando el banquero central pierde la credibilidad pierde todo, porque no hay forma de recuperarla, sino cambiándolo por uno más ortodoxo con probablemente mayor preocupación por la inflación que el empleo y el nivel de actividad.

En el juego que representa la interacción entre la banca central y el público hay dos Equilibrios de Nash (dos situaciones socialmente alcanzables): uno con credibilidad e inflación baja y estable en el tiempo (llamésmolo bueno, deseable o técnicamente óptimo social) y otro sin credibilidad y con inflación alta y persistente (llamésmolo malo, indeseable o subóptimo).

En el primero el banquero central tiene el sartén por la manga, pues con sus anuncios creíbles determina (causa) las expectativas y, por tanto, conductas favorables del público, como la fijación de precios y salarios y la conformación de portafolios con base a expectativas de estabilidad de precios nominales y reales.

Mientras que en el segundo, el banquero central, que en el pasado habría incumplido su meta de inflación por un período de tiempo que ya ha pasado a ser considerado largo, pierde la credibilidad y control; y las expectativas del público se desanclan de sus anuncios, al ya no ser creíbles (relevantes para la formación de expectativas).

La reputación de la banca central, por tanto, es fundamental. En tiempos de inflación baja y estable pueden darse el lujo, si así lo desean, de conducir la política monetaria de forma heterodoxa y laxa, pero cuandoquiera que la inflación llega al mercado de bienes y servicios, su discurso y acciones tienen que cambiar, so pena de perder su credibilidad si no lo hacen.

Es totalmente cierto que esto no fue el caso en la Segunda Guerra Mundial, pero entonces la literatura sobre la Teoría de la Inconsciencia Dinámica de la Política Económica no existía; pero hoy día no existe en las economías de alto nivel de institucionalidad banquero central alguno que no la conozca y la practique con religiosidad.

Como ya he dicho, esperen una sorpresa deflacionaria de disminución súbita del tamaño del balance de activos y pasivos de la Reserva Federal y un alza de tipos de interés durante el año en curso muy superior al esperado.

En , pero sobre todo en , discuto cómo conformar portafolios en tiempos de crisis y tranquilidad.










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